martes, 11 de marzo de 2014

El juego de Hipnos: Prólogo

Y allí estaba tumbado en un sofá de terciopelo rojo viendo como miles de personas aclamaban verle. Aun no estaba acostumbrado a estar en el ojo del huracán y mucho menos a ser el propio huracán. No había nadie que le hubiese explicado cual era su cometido ni porque había llegado hasta tan lejos. Simplemente le plantaron y dejaron que las bestias aullasen su nombre.

Cuando ya no le quedaban uñas que morder y se empezó a incorporar para salir afuera apareció ''la oscuridad'' para tranquilizarle. Le dijo unas palabras para animarle y le abrazó durante un instante. Iba a dejarle marchar pero Iván pedía un beso suyo, al fin y al cabo venia y quería solamente cuando quería, pero esta vez se negó. Más relajado pero a la vez con los nervios a flor de piel corrió la cortina que le separan de la multitud, también de terciopelo, hacia afuera y se sentó en un gran trono, de terciopelo, para variar que tenia bordado su nombre. Aquel sitio le recordó a un teatro o algo que le recordaba a los teatro que había conocido. En el escenario estaba él solo, con un par de micrófonos a su alrededor y un numero incontable de personas interesados en saber detalles de su vida. Respiró hondo y empezó a responder con cierto desdén. Él solo pensaba en estar con ''oscuridad''.