lunes, 23 de diciembre de 2013

Hoy

Hoy amanecí en en el suelo, frió y húmedo, aun no había salido el alba cuando me desperté sentí como una cálida corriente me elevaba del pavimento. Un brillo dorado me bañaba y creía ser el rey del mundo, cada vez más arriba, más ligero me sentía, tanto brillo me estaba cegando.

Y cuando alcancé el techo del cielo, el lugar donde las nubes anhelan ir, ceso el viento y ya no quedaba ningún rastro de aquella ligereza, la calidez se convirtió al poco tiempo en un viento gélido al que todos temen, ese fue mi única compañía en mi tediosa caída.  El fulgor dorado ahora no era más que simples pájaros volando tan libre por el aire.

Y no me dolió la caída desde el techo del cielo.
Y no me dolió que el viento dejara de soplar desde tan alto.
Y no me dolió que no vinieras a sanarme.
Me dolió que se me olvidase desde donde había despegado esta mañana, antes de que saliese el alba .


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