miércoles, 20 de noviembre de 2013

Homis Dei (I)

La sangre manchaba su fría piel caucásica. La misma sangre en la que estaba bañado el cuchillo que se encontraba a su derecha. Ágata se hallaba en la piscina, flotando de tal forma que parecía que bailaba una danza exótica. Su rojiza cabellera tapaba sus ojos, que eran tan negros como su corazón porque acaba de asesinar a una persona inocente sin saber muy bien el motivo.

Salió con la misma elegancia que lo haría una bailarina de ballet y llamo a Darío. Él recogió el cuerpo, limpio el escenario impolutamente y hasta formulo una excusa para la situación, todo para que su querida Ágata no tuviese ningún problema, era ya algo normal en su rutina. Le dio un beso en la mejilla y subió a la habitación a aprenderse la coartada. Ya rara vez la policía o alguien le preguntaba sobre los crímenes pero no quería que la suerte fuese un factor para estar en la cárcel. Justo cuando Darío iba a partir acaban de llegar los amigos de Ágata.


Todos subieron hacia la terraza, él inclusive. Empezaron a mostrar los tesoros, enseñaron de todo, un reloj de oro, un collar de perlas y hasta las llaves de un coche de alta gama, que era el vehículo con que habían venido. Todos traían algo menos Darío, a él no le gustaba matar por matar y aunque más de uno le había echado del Homis Dei, el club que habían creado los hijos de las figuras más importantes, pero Ágata le necesitaba para que quedase libre de los crímenes y sobre todo les interesaban que Dario siguiese en el club porque era el hijo del fiscal de la ciudad, es decir, que en caso de haber algún problema él era el único que podía solucionarlo. Ágata enseño su rebajado premio, solamente era una cámara de foto profesional, de esas que se llevaban tanto de moda ahora. 


Aunque que el precio del premio no debería de ser lo mas importante viendo la fatalidad que se le esperaba.


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